Historias con sabor a cacao

Historias con sabor a cacao

“Lo que me gusta de trabajar con los cultivos de cacao es que tengo la oportunidad de trabajar del lado de mi esposa y mis hijos, que ellos se meten de lleno con sentido de pertenencia”, dice Florentino Rojas.

Florentino y su familia viven en La Turúa, una vistosa y colorida vereda del municipio de Aguazul. Con mucho esfuerzo, se levantan todos los días a seguir trabajando en su finca, donde se dedican a la ganadería y la agricultura.

“Esto es tradición, mi papá y mis abuelos son agricultores, toda la vida hemos sido de campo, a mí no me gusta la ciudad. Entonces siempre hemos vivido aquí, ahorita llevamos unos seis años de lleno en el tema de la agricultura”, sostiene Florentino.

Se expresa con seguridad, reflejando la alegría de saber que él y su familia hacen parte de un proyecto que les ha permitido mantenerse unidos y que, aunque no haya sido sencillo, el trabajo constante y la entrega, les va a permitir continuar así por mucho más tiempo.

“Nos ha ido muy bien ya de hecho hemos comido de esto y hemos aprendido mucho. Le enseño a mi familia todo lo que aprendo en las capacitaciones y esto es lo que me gusta porque participa toda la familia y genera empleo; en esta finca tan pequeñita y casi siempre podemos tener un empleado”, afirma el agricultor.

Como Florentino y su familia, también está Lino Vega, un hombre de 83 años, quien ha dedicado la mayor parte de su vida a la agricultura. Inició sembrando algodón, después sorgo y maíz, pero fue una casualidad del destino, llegar a sembrar cacao.

“Este proyecto para mí fue accidental, estando en una cafetería, llegó un ingeniero, se sentó con un amigo con el que yo estaba y empezó a hablar del proyecto; entonces le dije, tengo todo, el agua y la energía para eso. Entonces se llevó una buena impresión y ahora soy una persona comprometida con el proyecto”.

Lino vive en la vereda Villa Rosa en Tauramena, y a sus años sigue más activo que nunca, afirma que le gusta mucho el campo porque es una actividad que genera empleo y a través de sus anécdotas, refleja el compromiso y agradecimiento por su terruño.

“Si nosotros somos productores con buena calidad, tendremos una buena utilidad. Yo le debo todo a esta tierra. Estoy orgulloso de esto. Es mi corazón; es como si fuera mi novia esta tierra”, manifiesta Lino Vega.

Florentino Rojas y Lino Vega, hacen parte de las 70 familias beneficiarias de “Sembrando Vida”, un proyecto impulsado por Ecopetrol en alianza con Corporinoquia y Fedecacao, que les permitió a cada uno sembrar dos hectáreas de cacao, plátano y especies forestales.

A través de “Sembrando Vida” las familias productoras obtuvieron su cédula cacaotera con la Federación Nacional de Cacaoteros, recibieron acompañamiento y asistencia técnica a sus cultivos y participaron en diferentes eventos, giras y talleres de asociatividad, organización y mercadeo, entre otros, que les permitirá establecer estrategias de comercialización de su producto.

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